Era sobrecama blanca
tejida de la abuela
la ilusión de un espacio propio,
compartimos el cuerpo, el hambre, la sed,
pero sobretodo las madrugadas.
Quise construir una casa corazón
cuarto de segunda, en segundo piso
pero no fue nuestra casa,
ni siquiera pudo ser amor.
Calle Naranjo que no dio fruto
como una higuera maldita.
io
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