
DESPIERTA

DESPERTARES
Desperté con los dolores de parto, una hora después escuché el llanto de mi segunda hija. El cuarto blanco, iluminado por un pequeño rostro amorfo en mis brazos, me trae malos recuerdos. Ella llora con chillidos ensordecedores, quizá la rabia de sentirse expulsada de mi cálido vientre. Yo tenía apenas 7 meses de embarazo y también lloro, el hacerlo en silencio no lo hace menos amargo.
Aún tengo la imagen grabada en mi mente, me hace sentir una punzada en el estómago. Me encuentro parada en la puerta, viendo una mala película porno, a mi nariz llega un fuerte olor a semen y fluidos vaginales. Rodolfo con otra mujer, él en mi recamara con otra. Ella ni fea ni bonita, ella encima, ella gimiendo. El acariciándola, penetrándola con fuerza. Yo, con punzadas en el vientre, sintiendo mil agujas en el pecho. Salí caminando de la casa, sentí la sangre fría y poco a poco fui perdiendo la vista, supe de mí hasta que desperté en el hospital.
Rodolfo siempre me golpeaba a la menor provocación y nunca fue discreto con sus relaciones amorosas. Nos casamos enamorados, bueno, nos casaron. Mis padres decían que si queríamos pasar tiempo juntos mejor con papeles, de ninguna manera un domingo siete. Él tenía 16 años y yo 12 cuando firmamos el acta. La vida se hizo pesada, estuve contenta por un tiempo pero luego me harté.
Después de verlo en mi propio cuarto con otra mujer decidí dejarlo. Mi mamá me llevó de nuevo con él, ella dice que estamos casados y por nuestras dos hijas debo perdonarle todo; como ella lo hizo con mi padre. Yo ya no lo amo, él a mi tampoco. Ahora me cuenta de sus aventuras como si fuéramos un par de amigos, no soy feliz.
Nació mi tercer hijo, producto de una borrachera. No soporté más. Lo dejé.
II
La fidelidad que buscaba en un hombre mayor, la encontré con Ernesto. Trabajé en una maquiladora para mantener a mis tres hijos pues su padre jamás se responsabilizó. Lo conocí en un baile cerca del trabajo, yo llevaba puesto un pantalón rojo, eso lo cautivó. Se me acercó y al cabo de las horas ya sabía toda mi vida. Me aceptó con hijos y llevándome a su rancho al sur del estado.
Ernesto era para mí el hombre ideal, aunque mayor era soltero, trabajador, y sobre todo estaba enamorado de mí. Le gustaba mucho irse de parranda pero no se desobligaba de la casa, así que no había la menor discusión por ese motivo. Tuvimos un hijo precioso, y la vida se desenvolvía tranquilamente entre niños, pañales y los quehaceres del hogar.
Un día de lluvia llegó cayéndose de borracho, era el cuarto fin de semana seguido en ese estado. De pie junto a la cama me despertó, se fue acomodando poco a poco sobre mi cuerpo, pero su miembro no reaccionó. Teníamos ya tiempo de estar intentándolo. Fue tanta su frustración que mientras golpeaba mi cara, me insultaba y culpó de su impotencia.
A los nueve años de vivir juntos lo dejé, tomé la decisión porque un día delante de mí le acarició el cabello a mi hija mayor de una manera lasciva. No lo soporté.
III
En el rancho con cuatro hijos y dos decepciones amorosas, me encontré con un muchacho, Luis era serio, con costumbres muy conservadoras, su vida en el campo lo hicieron duro y desconfiado. Lo llevé a vivir a una colonia de posesionarios, me ofrecieron un terreno, entre tarimas y cobijas vivíamos todos. Le conseguí trabajo en otra colonia cercana, como albañil. Así que pasaban los días entre risas y juegos comiendo juntos. Todo iba bien hasta que los vecinos contrataron albañiles para empezar a construir su casita. Luis empezó a vigilarme y llegar a casa en los momentos menos esperados. Decía que seguro lo engañaba con algunos de los trabajadores de la casa vecina, me golpeaba diario.
Un día me armé de valor, lo corrí de la casa. Lloró y prometió cambiar porque me amaba. Busqué trabajo en un bar como mesera, sabía que no lo soportaría, al final terminaría yéndose. Iba al bar y aunque pusiera cara de enojo nunca me reclamo nada. Maricela me decía estás tentando al diablo, ten mucho cuidado. Y así una noche mientras le preparaba la cena y cantaba al ritmo de Juan Gabriel, explotó. De quién te estás acordando infeliz, me tumbó con una patada. En el suelo recibí muchos golpes, sentí el cuerpo caliente, húmedo por la sangre. Me reventó la boca, aún tengo la cicatriz, me quebró dos costillas y me dislocó un hombro.
Los gritos de mis hijos pidiendo ayuda asustaron a Luis, inmediatamente agarró sus cosas, me dio un beso en lo que me quedaba de boca y se fue. Jamás lo volví a ver.
IV
Ahora me encuentro viviendo con un hombre joven que me ama: Fernando, sin embargo estoy entre la espada y la pared, Dolores mi segunda hija lo odia.
io
3 comentarios:
Sí que está bueno...Lo vas a tener que publicar en la próxima manzana.
Pos sí está bueno, a mí me deprimió, pero si la idea es "la denuncia", el "crear conciencia de", creo que le faltaría un tono periodístico. Ya sé que eso es parte de la realidad, y con voltear hacia otro lado no se cambia, pero, ¿a quién hay que redimir?. Sospechas mías de esa inclinación de observar y hablar de la sangre, el dolor y el sufrimiento de las mujeres. Entre más fuertes los abusos y sufrimientos, mejor ¿por qué?
Soy demasiado sensible para estos textos; y perdón por lo cursi.
tambien me gusto, para mi gusto un poquito cargado, algo asi como un round de box, en tres minutos se da todo, si lo alargarias... me gustaria mas.
(la imagen de la pelicula porno y el marido con otra mujer... muy original!) como sacada de alguna pelicula inglesa
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