Cómo hablarle, ahora que no me escucha. Quisiera elogiarla pero la conocí tan poco, habría sido más si no fuera por mi torpeza. Recuerdo que nos conocimos gracias a la afición de jugar dominó en internet, quién lo diría. Luego nos tomamos un café, era una adolescente punketa: sus cabellos, no recuerdo si eran azules, verdes o rosas; algo extraño y divertido. A pesar de la leucemia, era su alegría la que no dejaba ver que un día no estaría. Nos vimos de vez en cuando en algunos eventos feministas y charlábamos a través del Messenger. La semana pasada me dijeron que murió, no pudo con la última quimioterapia. Lloré, me sentí la peor, por no haberme dado tiempo para verla. Cada vez que platicábamos me contaba de cómo se sentía y de cómo se recuperaba. Evadimos la muerte, nunca quise pensar en ella, aunque sabía era inevitable. Ella se hacía llamar Kadoma, no sé por qué, pero para mí siempre fue Rubí Alejandrina.
Rubí mariposa
Para Rubí Alejandrina
Tú que eres flor soleada en rebeldía dónde estás
pequeña de singular y dulce presencia
no sé si existe pero para ti deseo el Cielo
y tener la certeza de encontrarte en mi memoria
para soñarte mariposa rondando paraísos.