El fastidio de los días
me cubre los horrores
de marchar
sin un plan cada mañana.
He comido mala hierba
del jardín
de un futuro sin promesa.
martes, agosto 07, 2007
miércoles, agosto 01, 2007
Hotel Guerrero Suites
Me ausenté de ti
preparando el cepo
para la siguiente presa
esperé con la filosofía de los árboles viejos
sentía su olor cada vez más cerca
por fin
ella aceptó mi propuesta
y la llevé a tu lado
testigo de mis ganas
pero no pude comer de su tierna ofrenda
agraviada se fue
cuando me saludó el portero
como a quien conoce de todos los días.
preparando el cepo
para la siguiente presa
esperé con la filosofía de los árboles viejos
sentía su olor cada vez más cerca
por fin
ella aceptó mi propuesta
y la llevé a tu lado
testigo de mis ganas
pero no pude comer de su tierna ofrenda
agraviada se fue
cuando me saludó el portero
como a quien conoce de todos los días.
viernes, julio 27, 2007
2
Planicie de embestidas
rudas contiendas
de la noche triunfante
aunque en ocasiones
se pierda la alborada y triste guerra
es el perfecto escenario dramático
(si bien te va)
con dos o tres caídas sin límite de tiempo
rudas contiendas
de la noche triunfante
aunque en ocasiones
se pierda la alborada y triste guerra
es el perfecto escenario dramático
(si bien te va)
con dos o tres caídas sin límite de tiempo
viernes, julio 20, 2007
jueves, julio 19, 2007
Quiero una carta
Confieso que me gusta mucho el género epistolar. Cuando niña, una de mis abuelas me enseñó a redactar cartas, siempre empezaba con Querido/a… Espero que estés bien, yo estoy bien gracias a Dios… Después de esa frase una podía mandar saludos y hacer muchas peticiones, todo dependía del destinatario. Hace muchos años dejé de escribir cartas y de recibirlas por supuesto. Ahora leo libros de cartas de personajes famosos y me encanta. Estaba leyendo las cartas de amor de James Joyce a Nora Barnacle, cuando me puse a reflexionar de las cosas que una se entera cuando unas cartas privadas y muy íntimas son publicadas. A través de esas cartas una se puede dar cuenta de la personalidad de ambos, de lo apasionados que eran, él en las primeras cartas la llama Nora iracunda y se disculpaba por haber dicho tal o cual cosa, lo que dice que él no era un perita en dulce. Eran un pareja muy sexual, él podía ser tan sublime como explícito en sus mensajes eróticos. En este caso interesa por quién es James Joyce, escritor irlandés autor de Ulises. Supongo que ahora que las cartas postales estás en desuso, desplazadas por el correo electrónico, debemos confiar en que los afamados/as autores/as respalden sus emails y/o los impriman, para que no nos priven de satisfacer esta curiosidad malsana de meternos en sus vidas privadas. Por otro lado aunque el blog lo usan muchos escritores/as para comunicar sus ideas, sentimientos y trabajo creativo, a veces con tal descaro en su exhibicionismo emocional, no se puede comparar con leer una carta o email, pues de antemano hay ciertas reservas en la información, digamos cierta mesura o pudor, por la misma naturaleza pública del medio. En fin, me gustan tanto las cartas que seguiré leyendo las de amor de James Joyce a Nora, y esperaré que de nuevo me llegue alguna, aunque sea una sola.
miércoles, julio 18, 2007
lunes, julio 16, 2007
viernes, julio 13, 2007
La Reina dice No
Es tan interesante que queramos romper ciertos paradigmas y resulte que en el amor, según me dice un hombre que conozco, a ellos les guste parecer cazadores para resultar cazados (casi casados) y una debe actuar como una presa difícil (una cabrona o en un sentido más elegante como una reina). Entonces parece que la honestidad y la transparencia en los deseos jamás deben ocurrir, si lo que quieres es una relación de amor correspondido. Muchos menos acostarte pronto, nunca decir lo que sientes o piensas. El misterio es el cepo más atractivo. Táctica y estrategia, casi una práctica militar, y se supone que una debe hacerlo de la forma más natural, con una malicia ingenua. Eso me recuerda a que luego muchos hombres se quejan de que las mujeres somos manipuladoras y calculadoras, será que el lamento viene de algún fracaso. En síntesis una es como un trofeo, y debe hacer creer al otro que lo ganó en buena lid y a base de mucho esfuerzo. Pero la realidad será que todo fue un ardid. Ah por favor mujeres nunca digan que lo aman, al menos no primero.
Me declaro neófita en esos juegos, y no estoy tan segura de aceptarlos, tendrá que haber una forma distinta. Una amiga me decía que estaba cansada de ver siempre a su pareja en turno como un rival, como un contrincante, me imagino que cada palabra o acción correspondería a un movimiento en un tablero de ajedrez, donde la finalidad es darle jaque al rey. Ella ahora se lamenta de haber jalado mucho la rienda, él se canso tal vez de actuar según sus caprichos. Ella está sola (con una estela de galanes haciendo su luchita). En mi experiencia he sido ingenua cuando no debería serlo, demasiado transparente, sin misterio, y lo peor sin oficio en el arte de la caza. Estoy sola (con algunos que quisieran hacer su luchita). De ese hombre que me dio una cátedra de cómo una debe actuar en el arte de la seducción, pues también está solo (ah pero porque quiere estarlo, dice que el fallo no estuvo en la estrategia de la caza, sino en otras cosas…). Me pregunto dónde está el error, si es que se puede hablar de errores. Sólo porque sé que no se gustarían sino podría presentarlos, pues tienen bien asimilada la estrategia de enamoramiento. Para reírme un poco pienso que mínimo podríamos hacer un trío.
El tema es la soledad, la necesidad de compañía, de amor, y si una/o debe mostrarlo a los otros. Qué tan vulnerable somos y qué tan vulnerables deberíamos mostrarnos. Qué tan dispuestos a ser pareja estamos, con todo lo que ello implique. Parece que no es tan sencillo como ser atravesado por una flecha, o tener el master como perfecta cabrona, o saber que somos de Venus y los hombres de Marte.
Volviendo al inicio de mi cavilación, quiero pensar que puedo relacionarme de otra forma con los hombres, como toda rebelde no quiero hacer lo que todo mundo, me niego a ser un trofeo, a gastarme el cerebro en esas artimañas amatorias. No creo ser la primera que esté rompiendo con el hilo negro, seguramente ya hay relaciones que no hayan surgido de esa forma. Ahora que como soy mujer, y en mi naturaleza está la manipulación…, podrían pensar que los estoy engañando, diciendo que no estoy de acuerdo y en realidad teniendo un nuevo programa calendarizado de seducción. Ah pero ¿cómo podrían saberlo?
Este es un tema bastante largo, y con muchos recovecos, que en otro tiempo tal vez retome. Por lo pronto es viernes, y hoy toca… diversión.
Me declaro neófita en esos juegos, y no estoy tan segura de aceptarlos, tendrá que haber una forma distinta. Una amiga me decía que estaba cansada de ver siempre a su pareja en turno como un rival, como un contrincante, me imagino que cada palabra o acción correspondería a un movimiento en un tablero de ajedrez, donde la finalidad es darle jaque al rey. Ella ahora se lamenta de haber jalado mucho la rienda, él se canso tal vez de actuar según sus caprichos. Ella está sola (con una estela de galanes haciendo su luchita). En mi experiencia he sido ingenua cuando no debería serlo, demasiado transparente, sin misterio, y lo peor sin oficio en el arte de la caza. Estoy sola (con algunos que quisieran hacer su luchita). De ese hombre que me dio una cátedra de cómo una debe actuar en el arte de la seducción, pues también está solo (ah pero porque quiere estarlo, dice que el fallo no estuvo en la estrategia de la caza, sino en otras cosas…). Me pregunto dónde está el error, si es que se puede hablar de errores. Sólo porque sé que no se gustarían sino podría presentarlos, pues tienen bien asimilada la estrategia de enamoramiento. Para reírme un poco pienso que mínimo podríamos hacer un trío.
El tema es la soledad, la necesidad de compañía, de amor, y si una/o debe mostrarlo a los otros. Qué tan vulnerable somos y qué tan vulnerables deberíamos mostrarnos. Qué tan dispuestos a ser pareja estamos, con todo lo que ello implique. Parece que no es tan sencillo como ser atravesado por una flecha, o tener el master como perfecta cabrona, o saber que somos de Venus y los hombres de Marte.
Volviendo al inicio de mi cavilación, quiero pensar que puedo relacionarme de otra forma con los hombres, como toda rebelde no quiero hacer lo que todo mundo, me niego a ser un trofeo, a gastarme el cerebro en esas artimañas amatorias. No creo ser la primera que esté rompiendo con el hilo negro, seguramente ya hay relaciones que no hayan surgido de esa forma. Ahora que como soy mujer, y en mi naturaleza está la manipulación…, podrían pensar que los estoy engañando, diciendo que no estoy de acuerdo y en realidad teniendo un nuevo programa calendarizado de seducción. Ah pero ¿cómo podrían saberlo?
Este es un tema bastante largo, y con muchos recovecos, que en otro tiempo tal vez retome. Por lo pronto es viernes, y hoy toca… diversión.
miércoles, julio 11, 2007
miércoles, julio 04, 2007
domingo, julio 01, 2007
miércoles, junio 13, 2007
Ojalá te mueras
Mi vestido rasgaste
inconsútil
ahora roto y maculado
de angustia
cuánto desprecio tus ojos
agravios cometidos
por tus certeras manos
odio tanto el momento
en que abrí la puerta
y a mi habitación entraste.
inconsútil
ahora roto y maculado
de angustia
cuánto desprecio tus ojos
agravios cometidos
por tus certeras manos
odio tanto el momento
en que abrí la puerta
y a mi habitación entraste.
martes, junio 12, 2007
domingo, mayo 20, 2007
No hay tal poema
miércoles, mayo 16, 2007
El miedo es un gran ramo de tigras
Y el miedo es una cosa grande como el odio.
Eduardo Lizalde
Una cordera
con piel de tigra
guarecida en mi pecho
de vez en cuando se exhibe
y se sonroja
al olfatear
el agridulce aroma
del hálito esquivo que dejas a tu paso.
martes, mayo 08, 2007
lunes, mayo 07, 2007
El sueño de la princesa
Para Ximena, Zaira, Mario, Ricardo y Hugo
Poco a poco el pecho se cierra, tal vez el encierro provoca esta asfixia amargosa. Desde hace días siento un temblorcito en el cuerpo, parezco una gatita vieja, de mórbida figura; mi época de bella princesa terminó: no más espejos en esta casa. Además me he convertido en una vieja de rutinas: leche con un panecito por las mañanas, un caldo de verduras a mediodía, en la noche un té de hierbabuena (especial para los problemas de gases), cuido mis plantas, leo la Biblia, veo la televisión, las novelas y el noticiero. Eso hago desde que la jubilación llegó, por lo tanto cualquier evento, al salir de lo esperado, sacude el reloj que llevo dentro, volviéndome loca por un rato.
Hace unos meses supe de la anciana violada y asesinada en Veracruz, sentí rabia aunque también pánico. No he querido salir desde entonces. Joel, el de la tiendita, trae el mandado y el agua de garrafón (soy algo delicada para tomar agua corriente) viene cada miércoles, con eso estoy bien. La casa está resguardada con varias cerraduras y alarmas, aun así presiento peligro, pues hace algún tiempo se escuchó la noticia de una mataviejitas. Definitivamente la ciudad ha dejado de ser para mí, no entiendo cómo se puede despreciar a una anciana.
Todas las noches, a partir de ver en las noticias lo de Ernestina, la ancianita ultrajada, he tenido pesadillas. Anoche tuve la más terrible, está tan presente que se anuda la garganta, languidece mi cuerpo nada más al recordarla: Joel entra a la casa, trayéndome el mandado, como siempre con toda mi confianza; se comportaba de forma rara, en su rostro había una luz distinta, sus pasos eran rápidos y atropellados. Llegó hasta la cocina dejando sobre la mesa algunas latas y bolsas con verduras. Me disponía a darle la propina cuando de pronto estalla su puño en mi rostro, caigo al piso, empiezo a llorar y suplicar que deje de hacerlo. Parece un animal en celo, con su fuerza de hombre de treinta años, rompe mi bata de un zarpazo; entonces despierto bañada en sudores helados, con múltiples gritos sordos.
Al alba, las cenizas de la noche turbulenta me atosigan. Sigo en la sala, el encierro tiene un olor agrio impregnando las paredes. Es imposible dejar de pensar en que puedo ser víctima de un ataque, para colmo hoy es miércoles y está sonando el timbre de la puerta.
Poco a poco el pecho se cierra, tal vez el encierro provoca esta asfixia amargosa. Desde hace días siento un temblorcito en el cuerpo, parezco una gatita vieja, de mórbida figura; mi época de bella princesa terminó: no más espejos en esta casa. Además me he convertido en una vieja de rutinas: leche con un panecito por las mañanas, un caldo de verduras a mediodía, en la noche un té de hierbabuena (especial para los problemas de gases), cuido mis plantas, leo la Biblia, veo la televisión, las novelas y el noticiero. Eso hago desde que la jubilación llegó, por lo tanto cualquier evento, al salir de lo esperado, sacude el reloj que llevo dentro, volviéndome loca por un rato.
Hace unos meses supe de la anciana violada y asesinada en Veracruz, sentí rabia aunque también pánico. No he querido salir desde entonces. Joel, el de la tiendita, trae el mandado y el agua de garrafón (soy algo delicada para tomar agua corriente) viene cada miércoles, con eso estoy bien. La casa está resguardada con varias cerraduras y alarmas, aun así presiento peligro, pues hace algún tiempo se escuchó la noticia de una mataviejitas. Definitivamente la ciudad ha dejado de ser para mí, no entiendo cómo se puede despreciar a una anciana.
Todas las noches, a partir de ver en las noticias lo de Ernestina, la ancianita ultrajada, he tenido pesadillas. Anoche tuve la más terrible, está tan presente que se anuda la garganta, languidece mi cuerpo nada más al recordarla: Joel entra a la casa, trayéndome el mandado, como siempre con toda mi confianza; se comportaba de forma rara, en su rostro había una luz distinta, sus pasos eran rápidos y atropellados. Llegó hasta la cocina dejando sobre la mesa algunas latas y bolsas con verduras. Me disponía a darle la propina cuando de pronto estalla su puño en mi rostro, caigo al piso, empiezo a llorar y suplicar que deje de hacerlo. Parece un animal en celo, con su fuerza de hombre de treinta años, rompe mi bata de un zarpazo; entonces despierto bañada en sudores helados, con múltiples gritos sordos.
Al alba, las cenizas de la noche turbulenta me atosigan. Sigo en la sala, el encierro tiene un olor agrio impregnando las paredes. Es imposible dejar de pensar en que puedo ser víctima de un ataque, para colmo hoy es miércoles y está sonando el timbre de la puerta.
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