He llegado
el ocaso entra por la ventana
y una cama me llama a sus brazos.
Tarde para que los sueños se concreten
temprano para que las almas se enamoren.
La cama quiere que la abrace
y yo no aguanto las ganas
de desvestir este hastío
con la esperanza de abrir los ojos
y encontrar unas palabras lejanas
pero no distantes.
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